ozono

El ozono y sus peligros en el uso doméstico

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El ozono, a gran cantidad de personas, les puede sonar a limpio o a aire puro. Nada más lejos de la realidad. Esto es debido a dos motivos. El primero es que tiene un olor característico que genera sensación de limpieza. Es el mismo olor que notamos durante las tormentas con descargas eléctricas. La sensación de limpieza es irreal.

El segundo motivo es que se asocia con la capa de ozono de la estratosfera que nos protege de la radiación ultravioleta, sobre todo de la más peligrosa, la UVC. Sin embargo, cuando el ozono se encuentra a nivel del suelo, se le llama ozono troposférico. Es un gas peligroso y altamente contaminante.

Ante una situación como la crisis sanitaria del COVID-19 nuestras necesidades de desinfección son muy superiores a las normales y por algunos sitios se está hablando mucho del ozono como desinfectante adecuado para acabar con el virus.

Desde un punto de vista químico, el gas ozono puede inactivar al coronavirus. No hace falta hacer un estudio científico para saber que puede destrozarlo, literalmente. Esta es la media verdad. La verdad completa es que en química todo depende de la dosis. Si te quedas corto, al coronavirus no le haces ni cosquillas, y si te pasas, además de inactivar al coronavirus, te pones en peligro tú, tu familia, tus trabajadores, tus clientes, …

Todavía ningún producto viricida está permitido para ser nebulizado sobre las personas. Luego, esos usos del ozono como desinfectante no pueden ser utilizados sobre las personas.

Un uso inadecuado de biocidas presenta un doble riesgo: pueden dañar la salud humana y además dar una sensación de seguridad ficticia.

El Ozono como desinfectante

El ozono es un gas con un alto poder oxidante. Es capaz de romper enlaces C-C, es decir, puede destrozar casi cualquier tipo de compuesto orgánico: proteínas, lípidos, material genético…

Como el coronavirus está formado por este tipo de compuestos, obviamente el ozono podría inactivarlo. Lo importante es que también nuestro organismo está formado por el mismo tipo de compuestos orgánicos, así que lo que puede dañar al virus también nos puede dañar a nosotros.

Usamos ozono en tratamiento de aguas. Además de sistemas de cloración (que funcionan por oxidación), el ozono se emplea para potabilizar el agua.

Tiene la ventaja de que el proceso no genera halogenuros contaminantes y de que con el tiempo el ozono se descompone en gas oxígeno, así que es un método bastante sostenible que produce un bajo impacto medioambiental.

En entornos profesionales como laboratorios de química, bioquímica, biología, biomedicina o biotecnología, entre otros, el uso de gas ozono como desinfectante está a la orden del día. Su naturaleza química y su poder oxidante lo convierten en un excelente biocida.

Es capaz de acabar con una gran variedad de microorganismos patógenos, así que en el laboratorio lo usamos para esterilizar zonas de trabajo. Para hacerlo utilizamos ozonizadores profesionales que generan elevadas concentraciones de gas ozono. Los métodos de producción son variados.

El más común es el ozono producido por efecto corona a partir de oxígeno, por fotoquímica usando luz ultravioleta a partir del oxígeno del aire, por electrólisis a partir de agua, y por plasma frío a partir de oxígeno. El manejo de estos aparatos lo llevan profesionales cualificados en sanidad ambiental. Es decir, este servicio no lo debería ofrecer cualquier empresa de limpieza.

Para desinfectar un laboratorio con ozono, primero hay que desalojar. Y después de ozonizar durante horas, un profesional debe entrar con un equipo de protección individual (EPI) y un dispositivo para medir si la cantidad de ozono residual que ha quedado en el ambiente es segura.

Así que no se puede usar gas ozono en presencia de personas. El ozono está clasificado como «sustancia peligrosa» por la OSHA, es decir, por las autoridades sanitarias en materia de seguridad. Los principales riesgos para la salud de su manipulación son: el ozono es tóxico por inhalación, irrita las vías respiratorias pudiendo llegar a causar edema pulmonar en exposición crónica; en contacto con los ojos y la piel puede causar quemaduras graves; podría causar mutaciones y daños reproductivos.

Explicado de otro modo, usar un ozonizador profesional en el ámbito doméstico es lo más parecido a usar un rociador de lejía pura. Los efectos, desde el punto de vista químico, serían similares. Sería peligroso para la salud de las personas que habitan la casa. También destrozaría lo que contiene. Si no rociarías la ropa, los zapatos o la bisutería con lejía, tampoco la rocíes con ozono. Es como matar moscas a cañonazos.

generador de ozono

No se recomienda contra la COVID-19

Existen substancias biocidas que están evaluándose por la Unión Europea. Finalmente podrán comercializarse los productos que contengan substancias biocidas autorizadas. Siempre y cuando se respeten las medidas de seguridad pertinentes.

En este grupo se encuentra el ozono, cuya generación se realiza in situ mediante maquinaria. Asimismo, este hecho impide que disponga de un etiquetado avisando de su peligrosidad y usos; a diferencia del resto de biocidas.

Para este tipo de biocidas, cuya comercialización debe haber sido notificada al Ministerio de Sanidad, se recalca la importancia de no ignorar las advertencias del fabricante.

Ante la proliferación en el mercado de dispositivos productores de ozono, el Ministerio de Sanidad nos previene de que el ozono al igual que otros biocidas:

– No se puede aplicar en presencia de personas.

– Las personas que los aplican deben contar con los equipos de protección adecuados.

– Al ser una sustancia química peligrosa, puede producir efectos adversos.

En el inventario de clasificación de la ECHA (Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas) se notifica la clasificación de esta sustancia como peligrosa por vía respiratoria, irritación de piel y daño ocular.

– Se deberá ventilar adecuadamente el lugar desinfectado antes de su uso.

– Puede reaccionar con sustancias inflamables y puede producir reacciones químicas peligrosas al contacto con otros productos químicos.

Además, hay que recordar que lo que hay que desinfectar son los objetos potencialmente contaminados con virus, los llamados fómites, no el aire. Por eso según el Ministerio de Sanidad, tampoco sirven para nada los túneles o arcos de desinfección por ozono.

Si una persona está enferma de COVID-19 o es portadora del virus, aunque la rocíes por fuera con un biocida, el virus está en su interior y lo va a exhalar igualmente al hablar o toser.

Si lo que buscas es purificar el aire de tu casa, existen otras alternativas seguras como son los purificadores de aire.


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